La construcción de lo real en el niño
- Karina Fuentes Medrano

- hace 2 días
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Actualizado: hace 7 horas
Figura 1
Mapa mental de la Construcción de lo Real en el Niño según Piaget (Período Sensoriomotor)
Nota. Adaptado de Psicología del niño (2ª ed.), por J. Piaget e I. Inhelder, 1977, Editorial Paidós. (Obra original publicada en 1966).
Según Jean Piaget, en su obra La construcción de lo real en el niño, durante el período sensoriomotor (desde el nacimiento hasta aproximadamente los 24 meses), el bebé no recibe el mundo ya organizado, sino que lo construye activamente a través de su inteligencia práctica, es decir, mediante sus acciones y esquemas sensoriomotores.
Al comienzo de este período, el universo del niño es completamente egocéntrico. Todo gira en torno a su propia acción: no distingue claramente entre sí mismo y el mundo exterior. Poco a poco, mediante los procesos de asimilación y acomodación de esquemas, la coordinación de acciones y las reacciones circulares (primarias, secundarias y terciarias), el niño logra una descentración progresiva. El resultado final es que el bebé se sitúa a sí mismo como un objeto más entre otros en un universo objetivo y exterior a él.
Esta construcción de lo real se manifiesta simultáneamente en cuatro grandes categorías que se elaboran en paralelo a lo largo de las seis subetapas sensoriomotoras:
En primer lugar, el objeto permanente. Al inicio, para el bebé “fuera de la vista equivale a fuera de la mente”. El objeto deja de existir cuando desaparece de su percepción. Un hito fundamental ocurre en la subetapa 4 (8-12 meses) con el clásico error A-no-B. Finalmente, hacia las subetapas 5 y 6, el niño logra una búsqueda correcta incluso con escondites invisibles, comprendiendo que el objeto existe de forma permanente e independiente de su percepción y acción.
Paralelamente se construye el espacio. Comienza siendo egocéntrico y práctico, ligado únicamente a los movimientos del propio cuerpo. Progresivamente, mediante la organización reversible de los desplazamientos, el niño construye un espacio objetivo con relaciones de posición (cerca-lejos, arriba-abajo) independientes de su ubicación.
La causalidad también evoluciona de manera notable. Inicialmente es de tipo mágico-fenomenista: el bebé cree que su propia acción produce directamente el efecto. Con el tiempo, la causalidad se espacializa y objetiva; el niño comprende que las causas están ligadas al movimiento y al contacto físico entre objetos, independientemente de su intervención.
El tiempo pasa de ser una duración puramente subjetiva, ligada a las sensaciones y acciones del momento, a convertirse en una sucesión objetiva de acontecimientos. El niño comienza a reconocer el orden temporal (antes y después) y a situar los hechos en series temporales objetivas.
Todos estos avances son posibles gracias a la organización cada vez más compleja de los esquemas sensoriomotores, especialmente a la aparición de una reversibilidad incipiente en la acción. Hacia el final del período (subetapa 6, 18-24 meses), surge la función simbólica (imitación diferida, juego simbólico y lenguaje), que permite la representación mental de objetos y acciones. Esto marca la transición hacia el período preoperatorio, donde el niño ya no dependerá exclusivamente de la acción real para conocer el mundo.
La gran aportación de Piaget es mostrar que el niño construye poco a poco un universo real, objetivo y exterior, en el que él mismo ocupa un lugar entre los demás objetos. Resultado de la actividad sensoriomotriz del bebé durante sus primeros dos años de vida.
Referencia
Piaget, J., & Inhelder, B. (1977). Psicología del niño. Editorial Paidós.




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